Encuentro arqueomac prov
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En un artículo en lavanguardia.es Albert Cortina nos propone un decálogo de los nuevos retos para afrontar el paisaje. La nueva ética del paisaje debería darnos criterios para transformar responsablemente los paisajes que forman nuestra identidad colectiva. Estos son:
1. Será necesario profundizar en la inclusión del paisaje en la planificación urbanística y territorial como una oportunidad de mayor coherencia general en el gobierno del territorio.
2. Deberemos promover, mediante la participación de la sociedad civil organizada, una mayor acción para que los valores ecológicos y culturales de los paisajes no se pierdan o se reduzcan a la banalización.
3. Habrá que impulsar una gestión responsable del territorio, entendida como el proceso de formulación, articulación y despliegue de un conjunto de estrategias dirigidas a la valorización de cada paisaje.
4. Tendremos que anticiparnos a las problemáticas que generan los paisajes emergentes que se van construyendo en el contexto de la sociedad del conocimiento.
5. Habrá que hacer posible que el aumento de la calidad de vida en los paisajes contemporáneos se corresponda con un mayor bienestar individual y social de la gente que vive en el territorio.
6. Deberemos garantizar la diversidad y la calidad de los paisajes como un reflejo del respeto a la dignidad de la naturaleza y a la realización personal, a nivel material y espiritual, del individuo. Para ello tendremos que evitar los efectos más negativos de la desaparición de la cultura que nos da sentido del lugar sustituyéndola por una cultura tecnológica o virtual que nos deslocaliza como personas y nos hace perder, en unos entornos cada vez más urbanos, las raíces rurales y el conocimiento empírico de la vida en un entorno natural.
7. Se hará imprescindible implicar cada vez más al ciudadano en las decisiones sobre los usos del territorio, ya que la persona que puede intervenir en estas decisiones se siente como una parte concernida en la planificación territorial.
8. Deberemos evitar que el territorio como recurso económico se convierta meramente en un bien comercializable en un mercado en que el paisaje se limite a una simple disposición formal, temática, una especie de espectáculo visual que no tenga en cuenta aspectos interrelacionados como el social, el patrimonial o el ecológico.
9. Será necesario subrayar la dimensión cultural del paisaje en la construcción de la identidad colectiva, haciendo posible la convivencia entre la diversidad de culturas y creencias que la sociedad contemporánea comporta.
10. Finalmente, será necesario expandir la idea que gozar de un paisaje de calidad constituye un nuevo derecho fundamental de las personas.




El mundo globalizado en el que vivimos posibilita a los ciudadanos disponer de acceso a un mayor conocimiento sobre los complejos problemas a los que nos debemos enfrentar, lo que nos convierte por ello en una sociedad más exigente con respecto a la toma de decisiones que nos afectan. Esta disposición a la acción y al examen público es positiva porque obliga a los gobiernos a actuar con una lógica distinta, con una mayor transparencia, implicación y participación de la ciudadanía para abordar las decisiones en el ámbito de lo público.
Pero si en algún terreno esta convicción es relevante es en el de las políticas relacionadas con el territorio. Aunque éste es un ámbito en el que las decisiones e intervenciones políticas no han contado históricamente con unanimidades. Muy al contrario suelen generar legítimas polémicas alrededor de proyectos que deben responder al interés común, y que por tanto, deben atesorar esa mágica combinación de viabilidad económica, social y medioambiental. Si no se gestionan bien las expectativas, escuchando a la gente del territorio, atendiendo a los requerimientos de los científicos, de los conservacionistas, de los agricultores, de los empresarios, de las entidades locales… A menudo, pueden generar en muchos ciudadanos frustración, desconfianza y desafección por las decisiones tomadas.
Las cuestiones relacionadas con el territorio y su interacción con la participación son complejas y requieren para su canalización una serie de fundamentos teóricos, filosóficos y metodológicos, de conocimiento geográfico y participación, que deben ser puestos en práctica por profesionales cualificados. Por ello proponemos realizar este seminario sobre las posibilidades de gestión compartida del territorio, aprovechando la experiencia de varios profesionales en este campo. Se trata de dar respuestas nuevas a los problemas nuevos, no de buscar la manera de evitar el conflicto, sino de gestionarlo adecuadamente. Con más conocimiento geográfico y más participación por parte de todos no se generan consensos artificiales para la superación de los conflictos, sino que es posible llegar a mejores soluciones, a tomar mejores decisiones, contando con la inteligencia colectiva, que es otra forma de construir el futuro de nuestro territorio.
En el marco de una transformación del modelo de Estado y de la concepción del desarrollo, en este trabajo se analiza una experiencia a nivel territorial en el Departamento Feliciano (Entre Ríos-Argentina) llevada a cabo a través de la participación de múltiples instituciones y organismos tanto públicos como privados, a través de la década del ´90 y la actual, la que culmina con la constitución de una Unión Transitoria de Instituciones (UTI) como forma de gestión compartida. A través de una investigación de carácter cualitativo, se procura dar cuenta de los procesos de construcción de las redes interinstitucionales sobre el territorio, las tensiones producidas por la movilidad de los espacios de poder y las alianzas estratégicas y de la figura mediadora que asumen tanto las instituciones técnicas como los profesionales que en ellas se desenvuelven. Se indaga además sobre los efectos de estas transformaciones y tensiones sobre la vida cotidiana de los beneficiarios de los programas, tanto en lo productivo y económico como en la construcción de los derechos ciudadanos, las relaciones éticas y dialogales y los espacios democráticos.
